El hierro es un mineral imprescindible para el buen funcionamiento de los glóbulos rojos (hematíes), que son las células de la sangre transportadoras de Oxígeno al resto de nuestro organismo, incluyendo los músculos y los órganos internos.
La actividad deportiva incrementa las necesidades de oxígeno en los músculos y, es la hemoglobina, la molécula encargada de llevar el oxígeno dentro de los glóbulos rojos hasta los músculos y los órganos.9
En los deportistas, el músculo está más desarrollado y “trabaja” más que en una persona sedentaria, por lo cual los aportes de oxígeno y de hierro van a ser superiores. Debemos tener en cuenta también que hay factores individuales, ligados a la genética, que predisponen a tener unos depósitos de hierro más escasos.
El déficit de hierro puede ser más evidente en mujeres atletas, a las que se le suman las pérdidas menstruales, posibles dietas inadecuadas o restrictivas.
Los deportistas necesitan un mayor aporte de hierro por dos motivos principales:
- Originan un mayor gasto de hierro: El ejercicio de impacto y el desgaste muscular provocan cierta hemólisis (rotura de hematíes). Esta hemólisis obliga a un recambio frecuente de los glóbulos rojos disponibles.
- El deporte incrementa el volumen sanguíneo y la concentración de glóbulos rojos en la sangre, ya que hay un mayor desarrollo de la musculatura y por tanto una mayor demanda de oxígeno en esos tejidos. Los músculos van a necesitar mayor irrigación, y por tanto mayor volumen de sangre y de oxígeno, la cual cosa conlleva una mayor necesidad de hierro.
La falta de hierro en el deportista perjudica la función muscular, limita la capacidad de trabajo, y también puede originar síntomas asociados a la disminución de la capacidad de atención o a la percepción visual. Todos estos aspectos van a originar una limitación en el rendimiento deportista cuando los depósitos de hierro son insuficientes.